31.3.08

Apariencias

Como cada mañana, despertó junto a la mujer que fue su vida. Tantas dificultades compartidas habían convertido el lecho en un lugar frío y yermo. Una vida perfecta de cara al público. Dos desconocidos que se conocen demasiado bien comparten cama una vez más, obviando el cariño que algún día se tuvieron. Pudieron con mucho, pero no con la rutina, cruel destructora de la llama que una vez ardió en sus corazones.

Él se levanta lentamente, coge su ropa y se viste para ir a trabajar. Sin hacer ruido, ella aún puede dormir unos minutos más. Sale de la habitación, no sin antes contemplar durante un instante a su mujer dormida. Un ángel. A pesar de todo, aún es su amor, y lamenta cada día esa barrera invisible que les separa, que les impide amarse como hicieron antes.

Como cada mañana, despertó en una cama vacía pero aún caliente. Él ya se ha ido a trabajar. Se desliza hacia el lado de la cama que hace tanto le quedó vedado por limitaciones no escritas y jamás expresadas. Se acurruca aspirando el olor de su marido en las sábanas, y ese olor le hace recordar toda la felicidad que antaño tuvieron, pero que ahora sólo fingen tener. Suavemente besa la almohada, queriendo pensar que es su marido devolviéndole un beso que no es por compromiso. Se levanta despacio, y se dirige a la cocina a preparar el desayuno para sus hijos que aún duermen ajenos a todo en sus camitas. Tan sólo le quedan unos minutos de silencio en su hogar, para recrearse en los recuerdos de un amor congelado por la rutina y las dificultades. Para soñar despierta con un hombre que, aunque duerme a su lado, ya no sueña con ella.

Los niños despiertan, dulcemente arrancados de sus sueños tranquilos por la voz de su madre que les recuerda que un nuevo día comienza. Y la casa se llena con sus voces, sus risas y sus correteos por el pasillo.

Love in Neverland.

Wendy Moira Angela Darling.

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