18.4.08

Alza tu voz

Allí donde vamos está con nosotros, pegada a nuestras espaldas. Adherida a nuestros pulmones pues infecta el aire que respiramos. Nos persigue, nos acosa, nos oprime. Pero no podemos verla. Sólo sentirla. Miles de imágenes han tratado de retratarla, miles de palabras han intentado describirla, miles de personas han intentado erradicarla. Pero no se puede. Es inmortal. Y nos seguirá siempre, allá donde vayamos, por mucho que corramos. Vive con nosotros, está en nuestros seres queridos. Y no marchará jamás de nuestras vidas. Su nombre es intolerancia. La vemos en quienes piden tolerancia para sí mismos, mientras critican a todos los que opinan de forma diferente. La vemos en quienes sienten compasión por sus seres queridos, mientras descuidan al prójimo. La intolerancia está ahí, siempre ahí. En quienes nos juzgan a cada paso que damos, pretendiendo ser mejores que nosotros. Y muchas veces callamos nuestra propia opinión, tenemos tanto miedo a ser diferentes, a no ser aceptados. Y otras veces pensamos: ¿por qué no? Y nos lanzamos al vacío. Nos expresamos. Y decimos quiénes somos, qué pensamos y cómo sentimos. Y nos insultan, nos desprecian, nos humillan y pretenden aleccionar. Pretenden domarnos. Confunden instrucción con educación. No, señores intolerantes, no es lo mismo. Alardean de su gran tolerancia para con aquellos que son iguales a ellos. Eso no es tolerancia, señores, es hipocresía. Y ¡no! No soy tolerante con aquellos que son intolerantes. ¡No! No perdono a quienes hacen daño, no tengo una fe que me diga “ama a tus enemigos”. No tengo fe. Y ¡no! No soy peor persona por ello, ni carezco de moral por no creer que vino alguien a enseñármela. ¡No! No tengo miedo a decir cómo soy o quién soy. No, no espero respeto ni tolerancia. Sé que no lo obtendré de vosotros, perfectos ciudadanos que todo lo hacéis bien. No, no perdono. A quienes mataron por intolerancia, a quienes hirieron por intolerancia, a quienes insultaron por intolerancia, a quienes humillaron por intolerancia. Sí, con todos ellos, soy intolerante. Y siempre lo seré. La intolerancia está por todas partes, y yo no soy una excepción. No pienso permitir que ahoguen mi voz mientras me expreso, los gritos de los ignorantes. Por gritar más, no llevas más razón. Y siempre hacen más ruido lo más intolerantes. Pero aunque sólo puedan oírme unos pocos, no me callaré. Jamás apagarán mi voz aquellos cuyos métodos de persuasión son el chantaje. Dadme argumentos, señores intolerantes, y yo os devolveré una gran dosis de realidad. Todos tenemos el mismo derecho a expresarnos. Si tú no toleras mi opinión, de acuerdo. Pero no pretendas que te escuche. No, no tengo miedo. Defiendo, y siempre lo haré, aquello en lo que creo.



This is not Neverland.

Wendy Moira Angela Darling.

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