El peso de sus decepciones cerraba los párpados de sus esperanzas, sumiéndolas en un profundo sueño carente de brillo. Incapaz de sentir algo más que el cansancio de la lucha de titanes que libraba con su tristeza, se dejaba llevar por el fragor de la batalla sintiéndose el guerrero de las causas perdidas. Como armas su coraje y su rabia. Como escudo la coraza de piedra que puso en su corazón. Montado a lomos de su desesperación galopa por el prado de sus ilusiones perdidas, viendo pasar una vida que creyó vivida. Recuerdos de momentos de felicidad fingida, entre caras sonrientes que decían ser amigas. Se consume en su propio deseo de vencer aunque sea una batalla de la guerra que es la vida, sin comprender que al final de su camino la muerte le espera tranquila. Cada hoja caída de los árboles le recuerda a una sonrisa que no regaló, a un beso que no dio, una promesa que no hizo, un amor que no atendió, una lágrima que no derramó, un paso que temió dar, un momento que no supo disfrutar, un abrazo que no pudo recibir, una batalla que perdió antes de librarla. Galopa con furia, alimentando su montura con su angustia, en pos de una victoria imposible. Luchar, luchar, luchar. Por el derecho a vivir una vida que jamás disfrutó, una vida que pasó de largo… Sin decir adiós. Y al final del camino, la parca, su amiga. Toma de la mano al hombre, y éste se abraza a ella. Al fin a salvo, al fin seguro. No más guerras por la vida. Se acabó lo que tanto temía. El alma del guerrero al fin descansa tranquila.
War in Neverland.
Wendy Moira Angela Darling.
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