4.4.08

Amigo

Sé que ha pasado mucho tiempo, y que las cosas que no son como fueron. Sé que ya no somos niños jugando en el patio del colegio. Sé que hemos cambiado, nos hemos hecho mayores, más viejos. Sé que la inocencia se marchó de nuestros ojos. Sé que el dolor se acercó mucho a nosotros. Sé que el amor pasó de largo y nos dejó vacíos. Sé que nada es tan sencillo como cuando éramos niños. Lo sé.

Sé que realmente no me has necesitado, sabes que habría estado a tu lado. Sabes que te añoré en este tiempo que estuvimos separados. El destino tiró en distintas direcciones, alejándonos. Sin mirar atrás. En busca de un futuro brillante, la anhelada felicidad.

Aquí estamos de nuevo. Ajadas la ropa y la esperanza. Cansados de perseguir nuestros sueños, volvimos al lugar en que los concebimos. Sentados en el parque donde jugábamos siendo unos críos. Viendo a los que ahora juegan en el que fue nuestro rincón preferido. Nos miramos sin apenas vernos. Los cinco sentidos puestos en nuestros recuerdos.

- ¿Dónde estuviste, amigo?

- Buscando fortuna en mejores parajes.

- ¿Fueron mejores?

- No, sólo distintos.

- ¿Fuiste feliz?

- No, sólo envejecí. ¿Dónde estuviste tú, viejo amigo?

- Persiguiendo la felicidad.

- ¿Le diste alcance?

- Era muy rápida. Se escabullía cada vez que yo la creía tocar.

- ¿Por qué has vuelto?

- Necesitaba pensar. Recordar por qué soñaba.

- ¿Y lo recuerdas ya?

- Creo que sí.

- ¿Por qué era?

- Porque era infantil. Un niño, un iluso, un pobre diablo que soñaba con ser ángel.

- ¿No hay espacio ya para los sueños?

- La maleta está llena de decepciones.

- Te comprendo. La mía está igual. Pesa tanto… Cuesta cargar con ella. Me siento viejo, y cansado.

- Viéndote a mi lado recuerdo todo aquello que nos hacía sonreír. Cosas pequeñas. Detalles magníficos.

- Sí, fuimos felices.

- ¿Por qué ya no?

- Porque dejamos de sentir la felicidad, para empezar a buscarla.

- ¿Qué quieres decir?

- Escuchándote, he visto mi vida a través de tus ojos. Ambos nos marchamos en busca de una felicidad que iba unida a nuestras ganas de vivir. Siempre quisimos más, poniendo las metas tan altas que por mucho que crecimos, jamás las alcanzamos. Dejamos de ver la vida, los detalles, la magia. Dejamos de sentir que valía la pena cada pequeña acción, pasando a pensar que la felicidad se hallaba oculta en nuestros aires de grandeza. Cuando, en realidad, siendo niños, era nuestra capacidad para que todo nos ilusionase lo que nos hacía tan felices. Hasta el más pequeño detalle tenía el poder de remover nuestros inquietos corazones.

- ¿Ya no hay esperanza para dos pobres viejos que se arrepienten?

- Eso depende. ¿Aún deseas ser feliz?

- Claro que sí.

- Bien, empecemos.

- ¿Qué quieres decir?

- Piensa, en este mismo instante, qué es lo que te está haciendo feliz. Ilusiónate, disfrútalo. Sonríe como hago yo.

- ¿Qué es lo que a ti te hace feliz?

- Volver a estar aquí. Contigo, viejo amigo. Hemos sufrido, hemos llenado de desilusión una pesada maleta, hemos cambiado. Pero estamos juntos, y aún somos amigos.

- ¿Qué haremos con la maleta? Es un lastre que me impide sonreír, por mucho que me ilusione estar junto a ti.

- No te preocupes por eso, aún tenemos tiempo de deshacer juntos el equipaje.

- Gracias, viejo amigo. Gracias por seguir aquí.










Siempre hay algo por lo que sonreír.

Wendy Moira Angela Darling.

No hay comentarios: