Miramos el mundo, miramos a la gente, miramos la vida pasar tediosamente. Y entre mirada y mirada, descubren unos ojos que no son como esperaban. De pronto un día descubren que yo miro como nadie jamás les miró. Miro de frente, sin miedo y a los ojos. Miro y leo su mente como quien lee el periódico. Y entonces tienen miedo, y rehuyen mirarme. Y entonces sienten en tu interior el calor de la aurora. Y entonces ya está, todo se acabó, se une a la lista uno más de los que no me mirarán ahora. Tienen miedo de lo que sienten cuando cruzan mi mirada, tienen miedo de que su alma se quede ahí atrapada. Todos siempre igual, todo el mundo lo mismo. Miradas, miradas. Y una dosis de cinismo. Me quemarán por bruja en la hoguera… Ardan mis ojos por ellos, que si nadie los mira, pierden cuanto tienen de bellos.
Hay quien dice que el amor surgió al mirarme a los ojos, hay quien dice que en ellos aprendió a verme en realidad. Hay quien dice que sin ellos no sabría quien soy ya. Hay quien cuenta mil batallas sobre miradas unidas, hay quien dice que yo miro como nadie miró en su vida. Se cuentan tantas cosas, sobre unos simples ojos, que yo me pregunto: Cuando miran, ¿qué ven los otros? ¿Acaso yo miro el mundo de otra manera? Simplemente miro con una curiosidad sincera. Queriendo conocer cuanto hay a mi alrededor, sin prisa, tengo toda una vida para explorar cada rincón. No importa si conozco mil lugares o sólo diez, sé que habré mirado cada cual con interés.
Sabes que te estoy mirando, aunque no me puedas ver. Sientes mis ojos clavados en lo más profundo de tu ser. Sabes que te observo con el alma, y que los ojos se quedaron cortos ya para mirar en ti. Sabes que te estoy mirando, aunque no te pueda ver.
Mi mirada, por ti, traspasa los límites del horizonte y corre a reunirse con esos ojos traviesos que te empeñas en mantener posados en los míos. Miradas tan cómplices y a la vez tan independientes. Tu mirada es como la mariposa juguetona que no se rinde a quedarse con el néctar superficial de las flores, y te adentras en mis ojos en busca de aquello que tanto asusta. “No te tengo miedo”, pareces decir sin más. Nadie me miró así jamás.
Miradas que asustan, quién sabe por qué. Tal vez porque exploran lo que no se debe ver.
Mirada directa, sincera y sin miedo. Te miro, me miras, y soy yo quien pierdo. Un duelo de miradas en que no soy vencedora, eres digno rival y yo digna perdedora.
Dicen que los ojos son el espejo del alma, los míos están abiertos… Para quien se atreva a mirar.
Wendy Moira Angela Darling.
2 comentarios:
Tu no necesitas la mirada para adivinar como son las almas de los demás, te bastan algunas palabras y poco más...
por cierto, ¿apostamos?
¿A qué quieres apostar... y qué quieres apostar?
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